Alcanzo los ocho pasos hasta la verja
y la llave gira
bailando al ritmo de mis latidos.
Atravieso el jardín con el aroma del naranjo
en mi cerebro enamorado.
Cada momento me abrasa.
El ascensor detiene los instantes
atrapados en la impaciencia de tenerte
fundir nuestras miradas,
envolvernos sin cordura y
cabalgar.
Empuño la llave
y disparo las cuatro vueltas.
Asalto el kilim turco de la entrada. Entonces
pataleo
fundir nuestras miradas,
envolvernos sin cordura y
cabalgar.
Empuño la llave
y disparo las cuatro vueltas.
Asalto el kilim turco de la entrada. Entonces
pataleo
otra vez
la ausencia que no falla.
.
.


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