Tardes laureadas
Y hasta aquí la zambullida.
Olvidado ya el peso en la superficie
y la espina dorsal hacia lo hondo
desatados los oídos como si fueran ojos y la piel
en el punto inexacto entre el riesgo y la certeza
se trataba de sobrevivir en la intensidad de la corriente
entre mares de otros ríos que corrían igual que tú
vigilando o deseando cada nuevo macareo
nuestras escamas
bajo tintes y geometría de dragones
mientras lo que no sucedía nos mostraba la realidad
la verdad y la belleza
el amor y los sueños
la espesura del cielo con Viviana
una confesión bajo una estrella de Szymborska
la mudez sonora de Chus Pato
el sueño de una lengua común con Adrienne
el rojo, aún el rojo memoricida, en torno a Mahmud Darwish
un latido-pájaro que trina por el oriente con Gary Snyder y Basho
y muchos, muchos más
corazones fundidos a otros destellos
entre haikus y hormigas
entre los higos y las piedras
en el hueco de una granada seca
o debajo de un adoquín
porque todo era parte
Y ahora el cierre
la espiral
ante una maleta que no cierra
repleta de flores de sal y aguamarinas
y cuadernos con luz
que no necesitaban numeración
solo a Laura y sus sorbos de brisa
alcanzamos la tierra
nos zambullimos con desasosiego y emergemos
con arrugas de placer en la yema de los dedos
a veces, la vida es soportable
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