lunes, 29 de abril de 2024

Tras Agustín Fernández Mallo

 

Herida genocida  

 



 

Ya nadie se llamará como yo
mi apellido se ha secado entre mis pechos
no queda ruido de lo que fuimos.
 
las ramas y sus palomas huyeron, los muros
no sujetan el temblor de nuestro polvo.
 

tampoco podré llamar a nadie.

  

 

 El hueco   

 

 

Ya nadie se llamará como yo
cada nombre          un hueco  
en mi cadáver
rostros, pasos, voces, simples reflejos
en el espacio de mi caída 
 
añejas  las palabras
las frases como un tío vivo
los verbos sin su pasado
 
aprieto el temblor         del lapsus  
el ancho murmullo de la vertiente.
Sin apenas altura 
me cuelgo 
a mi último simulacro 

 
ni el espanto se salva  
de las zarpas
de mi misma.



                

viernes, 8 de marzo de 2024

Niña

 



Detalles del producto
 
Ojos verdes 
sobre porcelana  blanca
brazos agarrados al  vacío,
se inclina con facilidad 
y soporta
la etiqueta intacta 
en su caja de cartón.
 
No aventura nunca  un pestañeo
que permita la sospecha,
se presenta a flor de piel
en todo tipo de escaparates.
Llora
sola     o bajo cuerda.
 
Es igual al modelo retirado pero
incorpora un corazón 
de cristal
que se vende separado y bombea
a petición de un clic.
 
Peso y medidas bajo control.
Tipo de material fácilmente intercambiable.
 
Valor educativo, fomento de la igualdad.

sábado, 20 de enero de 2024

El eco de las antorchas

 



Un cable de silencio 
le enrolla la rabia por la espalda,
la cara oculta del grito 
se traga las trabas tradicionales, 
los besos sin vaivén y 
tanto dolor 
en el nudo de las tripas.

Restriega sus labios 
salpicando de quebranto el disimulo
se escurre 
hasta el fondo de la sombra.
No se atreve 
a sacarse el no 
de entre los dientes 
a quitarse ese tieso maquillaje 
que le ahoga.

La noche se llena de aullidos como el suyo   
un clamor, un eco violeta 
hace saltar por los aires el corsé,
se llenan de antorchas las gargantas.

Al alba
sucumbe la niebla 
ante ese rayo morado que avanza .



Poema ganador en el 4° certamen de relato corto y poesía
 25N por la eliminación de la violencia contra la mujer, 
organizado por InventArte. 
Leganés, 16 de enero 2024.


martes, 26 de septiembre de 2023

La copa





Regresa la saliva,
descansa en el borde
la zozobra de sus bocas

Maquilladas 
levantan la copa 
de otra noche que remata.
!arriba
el trofeo del carnaval
el cáliz consagrado de algún templo!

abajo
un continente que no para de vaciarse.

frente a cada trago              fantasmas 
escondiéndose en las grietas

se tambalean
disuelven el hielo de tanto miedo.

a solas, 
al salir de los hoteles 
una liturgia al origen 
una copa sacudida escupe 
para qué ponen el cuerpo       

y a
sostenerse, al menos. 


miércoles, 6 de septiembre de 2023

De blanco roto


 

Mi padre siempre me despierta la última. ¿Por qué? ¡Si yo soy la mayor y le podría ayudar con mi hermanita!, que, además, no sé qué le pasa pero no quiere desayunar .Creo que mi padre me echa a mí la culpa porque ella, cuando estoy yo, se tranquiliza y siempre me hace caso. Por eso estará tan serio conmigo... Bueno, por eso y por lo del pis por las noches. Que se cree que lo hago aposta.

Más quisiera yo ser como mi hermana que ya no se moja en la cama. 

A veces siento que, a él, le doy un poco de asco. Lo noto en cómo me mira y que casi no me habla.

Esta mañana he pensado levantarme antes para ayudarle y, cuando he salido del baño, él se ha cruzado conmigo, sin siquiera saludarme. No sé qué más puedo hacer.

Después, cuando he abierto la habitación de mi hermana, la he encontrado llorando, sin pijama y retorciendo la sábana de abajo. A penas la entendía en medio de tanto llanto. Pero, cuando me ha dejado mirarla, he visto lo que le había pasado.

Su cama también estaba mojada, pero…!qué pis tan raro!



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Mellizos

 



El 14 de febrero del 98 parí mi primer niño y, al instante, una mariposa negra.

Al niño lo tuve que poner enseguida al sol de la ventana para cargarlo de vitaminas. Fue entonces cuando la mariposa empezó a abrir sus negras alas.

Cuando volvíamos del hospital a casa, el bebé dormía plácidamente bajo el arrullo del ruido del motor del coche. La mariposa negra, sin embargo, no paraba de chocar contra los cristales de atrás, como queriendo tomar sus propias riendas cuanto antes. Yo intentaba apaciguarla ofreciéndole el dorso de mi mano para que se tranquilizara  pero ella no me hacía ningún caso.

En la parada del primer semáforo se posó sobre el oído derecho del bebé, intentando meterse dentro. De manera instintiva la retiré de un manotazo y entonces repitió su movimiento hacia el otro lado. Estaba empeñada en hacerle daño y yo me estaba empezando a inquietar. Seguí insistiendo para alejarla de él pero era más hábil que yo y, a cada instante, se volvía más pegajosa también.

Entonces, con la sabanita,  tapé al bebé que dormía sin inmutarse, abrí la ventanilla para echarla fuera y me lié a manotazos de nuevo, por la izquierda y la derecha, por arriba y por abajo, del derecho y del revés, sacudiendo cada sitio donde intentaba pararse, hasta hacerme daño en varios dedos a la vez.

La mariposa negra iba reforzando su brío y su destreza y se llegó a colar por rincones imposibles hasta llegar a mi pecho. No me la podía sacar y sollocé de impotencia hasta que Luis, que iba conduciendo, paró el coche y me la quitó.

Cuando llegamos al parking de nuestra casa fui a coger al niño y la encontré de nuevo  alrededor de su boca. Luis me dijo que no veía nada, que sólo era la sombra de mi cabeza sobre la carita del bebé.

Llevo  espantadas miles de mariposas desde aquel día de febrero.

Ahora, cada vez que me desnudo, encuentro la mariposa negra agazapada en la vieja cicatriz de mi  cesárea.

Intento vivir como si ya no estuviera pero, cuando le da la gana, emprende otra vez su vuelo negro y me obliga a marcar el número de mi hijo.

Sólo así logro atraparla, por un tiempo.


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viernes, 2 de junio de 2023

Llanto

 


Bajo el borde de la barandilla de hierro termina el titubeo. La gota de agua se deja caer al fin, junto a la tarde de domingo que claudica.

Un rugido del cielo taladra la larga espera vacía. 
Cientos, miles, millones de otras gotas siguen a ciegas a la primera, como ovejas sin pastor.

A penas se levanta del sofá, sus piernas alcanzan la misma barandilla y se precipita, sin gota de resistencia.