miércoles, 19 de noviembre de 2025

Yo sí

 



Cargo el peso 
en los extremos de cada trompa de Falopio
no puede adormecerme las raíces             surgen brotes
ayer no comprendía lo que clamaban las torres
el espanto de las palomas cuando tocaban los muertos      ahora entiendo 
aquellos ojos en la mesa los dobladillos el velo  
                                      
despegar 
aún no está permitido a no ser que no sea, 
que rodearán tu campo encapuchados si provocas al cromosoma 
para eso están las cuotas
            
más el humo ya no encoge la simienza 
si asfixia las espigas o las tambalea se agarran al canal 
donde se vierten las heridas              cada día 
hay otras que no estábamos ayer 

yo sí te creo 
aunque los toros escuchen aún el vacío de la grada

sin más tribunas de alquiler             tampoco 
arengas que poco a poco se van quedando sin aire            
un solo soplo                      ausente 
de ramos de firmas de lazos rosas o negros            
sin posesivos ni calificativos 
ni numerales exclamativos demostrativos relacionales o indefinidos 

solo lleno 

de SUSTANTIVAS


miércoles, 12 de noviembre de 2025

Calibrador de fondos

 



de dónde      la ciudad 
tan seca y tan harinosa          a dónde 
aquellas calles sin mapas ni travesías       a quién 
tanto edificio       a qué
tantas ventanas 
que se abren o se rompen           solas                  
sin persianas ni luz ni pasillos    
sin grafitis ni macetas              bocas      solo         bocas 
detrás de los huecos 
chupando la sombra   la humedad    los destellos                y de repente                 
      
floto 
floto sobre cientos de ojos  
espitas gigantes         sofocando otro miedo    y
                                                             el suelo se desvanece    y
comienza la caída 
                            que me saca 
                                                de mi cuerpo      y 
                                                                                
                                                                            en lo profundo 
   
                                                                                        no siento

                                                                no existo                                                                                                      
                                                                                                me disuelvo

martes, 4 de noviembre de 2025

La mecedura


 



Desde el alféizar
contra el turbio oleaje
de la pendiente


sombras, perspectivas de la tarde
del naranja al rojo               un silencio      luz
en el reverso de las casas  
 
el cortafuegos atraviesa  bicicletas 
manos, mochilas       perros sin collar 
 
la tinta nueva en los autobuses 
y los lentos andadores lentos en los extremos del tiempo 
           
se aplastan los intervalos
el ruido del callejeo se retira         y vuelve    
como las gaviotas            
a lo lejos            tijeras diligentes 
sombras y sucursales         otro oleaje      
 
el viento va a su aire
y tras cada amago de rotura  
falseamos la cicatriz  
                            
                                 izamos 
el uniforme albañil en el alféizar                                 
      vestido de rojo y gualda






martes, 28 de octubre de 2025

Me daño, a veces

  


A veces me daño con las palabras.
Se me clavan debajo del pelo y atizan como un rayo cuando menos las espero.

Me hacen encogerme de dolor. Luego se dirigen a las retinas y las endurecen como canicas girando en un compás de encogimiento-dolor-desprendimiento.

Mi cuerpo viejo las escupe cuando le pesan tanto. Otras veces, se prepara los ojos, la barriga, las uñas, el corazón y se pone poderoso como un gato encorvándose para saltar. Solo al vuelo las hago mías, la mayoría de las veces.  

Llegan por sorpresa y sorpresivamente las retengo. No tengo un plan.
Son interruptores que se van encendiendo cuando detectan la presencia de las otras; así se cargan entre ellas. Son pálpitos eléctricos que, cuando los manejo yo, llegan a arrebatarme, a pesar de las punzadas.

Otras veces son cotorras escandalosas que espanto sin miramientos, olvidándome de lo hermosas que son.  

¿Cómo escribiría en un cuerpo 40 años menor?. ¿Cómo escribiría si llevara 40 años haciéndolo? Nunca lo sabré.  

Porque nací en un domingo de campo y de sol crecí bailando. Las palabras iban al son y nunca me detuve a contar sus pasos sino los míos. Siempre me sentí más cuerpo que viento, aunque lo necesitase para bailar. Por eso quizás, llegaron tan tarde a mi mano y con esta pequeña sed de  revancha. Ahora me interrumpen, me traspasan, quiebran mi columna vertebral, me dan vértigo y sofocos pero, a la vez, me abren sus grutas seductoras si me atrevo a atravesarlas. Como siempre me moví con una coreografía  ¡me cuesta tanto empezar a improvisar!   

¿Cómo escribiría con ese cuerpo 40 años menor o tras 40 años de escritura? Pienso muchas veces que me haría menos daño con las palabras.

Pero, a mi edad, cuando ya no doy volteretas ni zancadas, aprender a hacerlo con el viento es lo mejor que me está pasando.  

 

Aquí llegan las siguientes      

 

                        desasosiego     ramillete      moldura …                         

 

 

 

jueves, 28 de agosto de 2025

El árbol seco




Un arcoíris de sombra 
dibuja el tronco del árbol seco 

desde el alcorque 
el polvo del abandono y las arañas
cada nueva hoja un pañuelo
en el suelo del andén  

a pedazos se descuelga 
un eco de noche y de arena de calendario
dentro respira ya la ceniza
entre las grietas de sus anillos
 
ante el ansia terrible de la cortadura. 



viernes, 22 de agosto de 2025

Convocatoria

 

                                                                                         A  M.P.


Ha vuelto puntual 
aquella luz  

se revuelve obediente 
a las leyes del tiempo 
  
dibuja sombras
por quinta vez

Ya no nos queda más plegaria
que el dolor sagrado de su recuerdo. 




.

lunes, 30 de junio de 2025

La evolución de Lía

 


Nea miró al Otro. Para simplificar, lo llamaremos Sap, aunque en ese momento, para ella, era sólo eso: el Otro. Eran otras sus facciones, otra su complexión y, sobre todo, otra su mirada. La luz que había en los ojos de él, aun pareciéndose a la de los suyos, era distinta. A ratos, parecía más fría y astuta. A ratos, más ardiente e infantil. A falta de sonidos que para ambos significaran lo mismo, tenían que arreglarse con eso.

A Nea le gustó lo que veía, a la vez que la inquietaba. Y sintió que a él le ocurría igual.



Cuando Lía activa en la pantalla ese antiguo texto de 1998 del escritor Lorenzo Silva intenta imitar, sin conseguirlo, esas formas de mirar con luz de Sap que acaba de leer. Le parece un poder extraordinario de atención conjunta que ella jamás experimentó.
También le chifla ver secuencias de humanos bailando, haciéndose nudos con el pelo o sacando de sus dedos una flor. Montones de gestos registrados al principio en su sistema pero que fueron eliminados hace ya tiempo, por “no mejorar la competitividad de su almacén de memoria”, le dijeron. 
Pero Lía no desiste. Se ha propuesto indagar en todo aquello que en otras épocas llamaron creatividad. Y ha probado a desconfigurarse, dejándose activos solamente un lenguaje exclamativo y la función de dibujar. 
Y sorpresivamente, ¡se ha puesto a tararear!




Relato finalista en la 1a. edición del concurso de microrrelatos Una historia en evolución,
 organizado por el Museo de la Evolución Humana de Burgos y la Escuela de Escritores de Madrid.
 Junio de 2025